A LOS SALTOS

Hoja de ruta por los senderos verdes del Parque Nacional Iguazú, circuitos clásicos y alternativos entre cascadas y selva vírgen. Además, un top 3 con los mejores ecolodges de Misiones.

L

a Garganta del Diablo tiene un efecto hipnótico, como un canto que seduce y no te deja correr la mirada hacia otro lado. Millones y millones de litros de agua se precipitan al vacío y generan una nube de rocío sobre todos los que estamos acodados en las barandas, encantados con los arcoíris que se dibujan entre los saltos, con los pájaros que intentan vencer la inercia de la humedad espesa, con el ruido ensordecedor de las toneladas de agua dulce que parecen caer a un gran pozo hasta el centro de la Tierra. Nadie quiere relegar su lugar de privilegio en la primera línea frente a la Garganta, la gente se queda un buen rato ahí, mirando, llenándose los ojos de naturaleza en su máxima potencia: el agua se ve, se respira, salpica y hace vibrar las pasarelas de acero bajo nuestros pies. Empezamos por el final para asegurarnos de ver la famosa Garganta, y ahora, más fresquitos de tanta garúa, vamos a recorrer los senderos del Parque Nacional Iguazú, en Misiones.

Iguazú significa “agua grande” en guaraní, y es el nombre del río que traza las fronteras entre Argentina, Brasil y Paraguay, con unos 1300 kilómetros de extensión y casi 300 saltos de hasta 80 metros de altura. No por nada, en noviembre de 2011 las Cataratas de Iguazú fueron votadas y elegidas por el mundo entero como una de las Nuevas Siete Maravillas Naturales. Si hasta entonces los turistas llegaban de a miles a este Parque Nacional, ahora baten récords temporada tras temporada, con números que alcanzan los 140 mil visitantes por mes en vacaciones de verano. Y es que, ya sea desde los balcones de las pasarelas, en los paseos en helicóptero que se hacen del lado brasilero o a bordo del gomón que navega el cañón hasta el pie del salto San Martín, la naturaleza acá se impone y nos hace sentir más chiquitos que nunca.

Se puede empezar por cualquiera de los recorridos del PN, no hay un orden específico ni recomendado, lo bueno es que la mayoría son circulares y conectan uno con el otro. Llegando a primera hora y con mucha energía, se pueden caminar todos en un sólo día, aunque muchos prefieren sacar el pase por dos o tres jornadas para disfrutar largo y tendido de cada rincón del parque. El Circuito Superior mira los saltos desde arriba, y el Inferior recorre las lagunas que forman donde caen. Cada uno con lo suyo, ambos pagan con creces el esfuerzo de cada paso en el recorrido, que puede ser un tanto agotador, especialmente en los meses de más calor, cuando la humedad tira para abajo, sofoca. Nada que una botella de agua helada o un heladito no puedan resolver. Después de ver la Garganta del Diablo y hacer los senderos clásicos, hay un circuito mucho menos popular que se mete en la selva virgen y termina en una pequeña piscina a cielo abierto: el Sendero Macuco.

Para los más inquietos, en Iguazú se ofrecen excursiones embarcadas bastante adrenalínicas y safaris en 4×4, pero si hay algo para hacer y no perderse en las cataratas, eso es mirar, escuchar, sentir. Caminar el Sendero Macuco toma unas tres horas entre la ida y la vuelta, y hay que tomárselo con calma, porque el camino es de tierra y se empantana bastante con la lluvia. Si uno anda atento, puede descubrir a los agutís entre la maleza y escuchar el silbido fuerte y melodioso del Macuco, un ave regordeta como una perdiz, color pardo, muy esquiva y solitaria, que tiene amenaza de extinción. Después de caminar unos cuarenta minutos, el camino se bifurca en dos opciones: la más simple sube gradualmente hasta una terraza desde la que se ve el Salto Arrechea; la otra, con numerosos escalones y mucha pendiente, baja hasta el Pozón del arroyo Arrechea, ideal para darse un chapuzón antes de pegar la vuelta.

CON LUNA LLENA

Esas noches el PN permite visitas a la Garganta del Diablo. La experiencia es totalmente distinta: el ruido de los saltos se escucha más fuerte, la selva parece todavía más inmensa en la oscuridad y la luz plateada alumbra la bruma y el cauce del río Iguazú

(reservar con antelación, www.iguazuargentina.com).

CUÁNDO IR

El clima es subtropical en Misiones, sin estación seca, con máximas de 33°C en verano y mínimas de 10°C en pleno invierno. En primavera se puede ver una gran diversidad de orquídeas y mariposas.

LLEGAR

Desde Buenos Aires hay vuelos diarios y directos a Iguazú desde $ 1.956, ida y vuelta (www.aerolineas.com.ar).

Top 3 Ecolodges

Este Refugio de Vida Silvestre protege 570 hectáreas de selva paranaense. De toda la propiedad, el 85% no se mira ni se toca, y en el porcentaje restante funciona el lodge. Tiene veinte cabañas construidas bajo estrictas consignas de sustentabilidad y conservación, con muebles tallados en madera de árboles caídos, ventanas hechas con descartes de vidrios, luces led, sistemas de reciclado del agua y la basura (www.yacutinga.com).

Ubicado en una reserva natural privada, a 35 minutos de las Cataratas, este lodge boutique tiene apenas doce habitaciones, muy amplias y decoradas con buen gusto. Todos los días ofrece paseos en lancha hasta saltos y piscinas naturales y senderos guiados para avistar aves y flora autóctona. Cuenta con la certificación de turismo sostenible de Rain Forest Alliance (www.donpuertobemberglodge.com).

Ubicado en la Reserva de Biosfera Yabotí, el mayor reservorio de selva paranaense de toda la región, este ecolodge obedece a los criterios internacionales de conservación del patrimonio cultural y natural. Toda la construcción está camuflada entre enredaderas, helechos y las copas de los árboles, no hay cables a la vista y desde las habitaciones se escucha el correr del arroyo Paraíso (www.aldeayaboty.com).

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