COPANDO NIDO AJENO

Autor: Fernando Fuentes

Hembra de Tordo Renegrido. Ph: Dra. Vanina Fiorini
E

n la Argentina Salvaje no todas las aves son laboriosas como un hornero. Algunas no construyen pacientemente, y ramita tras ramita, un nido para su retoño. Directamente aplican cuentos del tío o actitudes dignas de la mafia a la hora de asegurarse un sitio en donde dejar descendencia. Ponen en juego estrategias evolutivas que ya han sido exitosas en su supervivencia como especie. Con el tiempo han olvidado como era eso de construir la casa propia.

A Vanina Fiorini, científica del Laboratorio de Ecología y Comportamiento Animal de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires, le gusta ahondar en dichas cuestiones. Gracias a pacientes observaciones y registros fílmicos ha logrado estudiar el comportamiento de un pájaro que frecuentemente habita los cielos argentinos. Se trata del Tordo Renegrido, un parásito generalista y muy bueno en lo suyo. Tal es así que se las arregla para desentenderse y dejar sus huevos al cuidado de más de 250 especies de aves diferentes.

El Tordo Renegrido deposita en nidos ajenos sus huevos, que pueden ser blanquecinos inmaculados, o bien tener una coloración azul pálida salpicada de manchas.

Mi hijo el Tordo

El Tordo Renegrido, o Molothrus bonariensis según su nombre científico, es una especie muy extendida en America del Sur. Los machos pueden llegar a medir 20 centímetros de largo y pesar 45 gramos. Tienen un color negro atornasolado. Las hembras en tanto tienen un plumaje amarronado y un tamaño menor. Ambos tienen pico largo y patas delgadas. Suelen alimentarse con insectos y forraje esparcido sobre el suelo. En nidos ajenos depositan huevos que pueden ser blanquecinos inmaculados, o bien tener una coloración azul pálida salpicada de manchas.

Luego de diez a doce días de incubación –tiempo usualmente menor al que requieren los huevos de la especie parasitada para eclosionar- ven la luz pichones que generalmente son de mayor tamaño que el de sus padres adoptivos. Pasan quince días en el nido y luego son alimentados fuera de él hasta los tres meses de edad, momento en el cual no se sabe bien porqué deciden abandonar el territorio. Durante ese lapso de tiempo compiten directamente por alimento con los hijos biológicos de la especie afectada. Y generalmente triunfan.

El Tordo deposita sus huevos en los nidos de otras especies. Aquí, tres huevos de Calandria Grande junto con uno de Tordo. Ph: Dra. Vanina Fiorini

Todo ese proceso ha sido documentado por los ojos y las cámaras de Fiorini. Ha visto como la hembra suele acercarse a los nidos para ser recibida de manera agresiva por el hospedador, un zorzal chalchalero o una calandria grande por ejemplo. A pesar de los picotazos de bienvenida, el tordo logra casi siempre depositar su huevo. A veces intenta el pobre propietario remover o picar el huevo de manera infructuosa. Otras directamente ni se da cuenta de la presencia de un huevo foráneo en su nido.

Tienen los científicos también curiosas fotos en donde la asimetría de tamaños, entre el hambriento pichón y el abnegado padre adoptivo, hace dudar acerca de quién es quién. “¿Por qué luego de nacidos los pichones siguen siendo alimentados por los padres adoptivos?”, se preguntan. Respuestas aún no abundan. Pero en otras aves comportamientos mafiosos de los parásitos, que incluyen visitas periódicas y agresivas al nido, bastan para que el padre sustituto no claudique en su faena.

Recién nacidos: dos pichones de Calandria y uno de Tordo. Ph: Dra. Vanina Fiorini
Como el tordo, pero bien santiagueño

En Santiago del Estero, provincia situada al norte de la República Argentina, dicen que para calmar la añoranza a esta tierra no hay nada mejor que entonar una buena chacarera. Lejos del pago se extrañan las noches santiagueñas y ese parral por cielo con racimos de estrellas, pero siempre se puede ser un bombo latiendo sí se piensa en Santiago.

Algo de eso debe haber aprendido el pájaro Crespín -Tapera naevia para los científicos- quien luego de emigrar canta de día y de noche para evitar que un coyuyo de ausencias se le prenda en la garganta. Puede habitar en un amplio territorio, que va desde la República de Méjico al centro de Argentina, pero sabe que es en Santiago del Estero donde mejor late su corazón coplero.

Ocurre que allí es motivo de leyendas autóctonas, y está presente en la cultura popular. Por eso cada octubre retorna con la misión de dejar descendencia. Tímido, prefiere permanecer oculto en el cada vez menos extenso monte santiagueño.

El progresivo desmonte lo ha llevado a tener que adaptarse y sobrevivir en otros ambientes. Algo que ha logrado de manera exitosa, ya que según registros de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza la especie lejos de retrotraerse en los últimos años ha visto incrementada su población. La supervivencia para el Crespín por el momento es una preocupación menor.

Un Crespín o Tapera Naevia (su nombre científico). Ph: Wikimedia Commons

Tapera naevia es una especie que tampoco construye su propio nido. La hembra también tiene por costumbre depositar los huevos en nido ajeno. Elige preferentemente aquellos que son cerrados y con poca visibilidad. Espera el menor descuido de los moradores para dejarlos al cuidado de padres adoptivos. No se encargarán luego de la atención de los recién nacidos una vez eclosionados los huevos. Con un espectro mas acotado que el tordo, son aproximadamente veinte las especies de aves que pueden ser parasitadas de ese modo por el Crespín. Entre ellas se destacan los leñateros, el pijui o los amables horneros.

Los huevos tardan quince días en liberar pichones. Un pichón de crespín recién nacido pesa aproximadamente tres gramos. Nacen sumamente agresivos y compiten de manera férrea con sus hermanos adoptivos por la alimentación y el cuidado parental. Generalmente triunfan y luego de dieciocho días abandonan el nido.

Patrimonio mundial

Además del crespín, existen 90 especies de todo el mundo que tienen arraigada esa costumbre de copar nidos ajenos. Equivale al 1% del total de las aves. Dichas especies no son patrimonio único de Argentina. Pasa con el Tordo Cabeza Marrón (Molothrus ater) de América del Norte o el Críalo europeo. Aves así habitan en todos los continentes. No construyen su nido, parasitan y dejan descendencia. Aunque para ello haya que apelar a mafias o cuentos del tío.

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Showing 2 comments
  • Eliana Tonelli Gobbi
    Responder

    tengo un nidito con 3 huevos de chingolos y uno de tordo. mi pregunta es que pasara con los chingolitos al nacer, podran ser todos alimentados??

    • Argentina Salvaje
      Responder

      Hola Eliana! Es difícil saber de antemano que puede pasar, pero como dice el artículo los pichones de tordo (Molothrus bonariensis) suelen ser mayor en tamaño y mas agresivos que los de la especie parasitada. Nuestra recomendación es siempre la misma: no intervenir y dejar que la naturaleza siga su curso.

      Saludos y gracias por interesarte en el proyecto!

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