DE YUNGAS O HÚMEDAS ESPONJAS

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os biólogos concuerdan en que las yungas, o quizás las mejor conocidas como selvas de montaña, constituyen uno de los biomas más relevantes en la República Argentina. También aseguran que en la actualidad en algunos sectores lamentablemente lucen como esponjas deterioradas por el trajín de algunas manos humanas.

Ocupan un territorio de casi cuatro millones de hectáreas en las provincias argentinas de Jujuy, Salta, Tucumán y Catamarca. Conforman una franja, de alrededor de 700 kilómetros de largo por 50 de ancho, que en las citadas provincias tapiza las laderas este de las sierras pampeanas, las sierras subandinas y también la precordillera.

La esponja en cuestión se ubica aproximadamente entre los 400 a 3000 metros sobre el nivel del mar (msn). Con algunas capas que adquieren fisonomía propia según la distribución geográfica y que son fuertemente modeladas por el nivel altitudinal. Bien abajo, en el pedemonte, un bosque formado por más de 200 especies vegetales diferentes intenta recubrir los primeros 500 metros. Se destacan entre otros algunos árboles de 20 a 30 metros de altura tales como el palo amarillo (Phyllostylon rhamnoides) o el palo blanco (Calycophyllum multiflorum), además de vistosos lapachos y jacarandás.

Luego todo hasta alrededor de los 1500 msn es selva. Densa, con sitios en donde viven cerca de 350 árboles por hectárea. Biodiversa por excelencia, con especies emergentes tales como la tipa blanca (Tipuana tipu), el timbó colorado (Enterolobium contortisiliquum), los laureles, robles o cedros por solo nombrar algunos. Con el suelo revestido por diferentes tipos de hierbas, musgos y líquenes y un dosel que entre otras cosas alberga a helechos arborescentes gigantes y numerosas enredaderas. La selva montana en definitiva nada tiene que envidiarle a aquella de la provincia de Misiones.

Sólo si se logra continuar el ascenso, y emerger de semejante espesura, se estará en condiciones de divisar el siguiente estrato. Se trata del Bosque Montano, formación menos espesa que puede alcanzar hasta los 3000 msn y en el que sobresalen árboles como el pino del cerro (Podocarpus parlatorei), los alisos y el nogal criollo. Los que finalmente coronan la cumbre de la montaña, o de la esponja, no son ellos sino algunos pastizales de neblina.

Algunos estudios dan cuenta que más del 90% de las yungas
que se localizaban originalmente en el pedemonte
han desaparecido del Noroeste Argentino.

Riego por goteo

El clima de la ecorregión es cálido y húmedo. Con temperaturas medias anuales de 22 grados Celsius y precipitaciones que pueden llegar hasta los 3000 milímetros por año, repartidas en su mayoría durante los meses de noviembre a abril.

La lluvias suelen ser orográficas, es decir generadas por masas de aire húmedo que provienen del Océano Atlántico, y que al intentar sortear las montañas descargan su contenido en la ladera este de las mismas.

Las yungas también son humectadas permanentemente por lo que se conoce como lluvia horizontal. Bancos de neblina que se condensan en las hojas y ramas de los árboles y que luego por goteo aportan al suelo un importante volumen extra de agua. La esponja está entonces destinada a captar agua y dosificarla -incluso en la temporada seca invernal- a través de ríos y arroyos que descienden por las laderas.

Eso es lo que ha hecho desde tiempos inmemoriales, pero lamentablemente en las últimas décadas la tarea le ha resultado un tanto más dificultosa. Según consta en algunas imágenes satelitales, el bosque del pedemonte ha perdido presencia debido a actividades de desmonte. La industria maderera, la instauración de zonas aptas para cultivos de caña de azúcar, soja y porotos entre otros, o la ganadería de tipo extensiva y el recambio del bosque por pasturas figuran entre los posibles causales.

Algunos estudios dan cuenta que más del 90% de las yungas que se localizaban originalmente en el pedemonte han desaparecido del Noroeste Argentino. Según los expertos dicho fenómeno se suscitó debido a un desarrollo caracterizado por la falta de planificación y sustentabilidad. Para algunos trabajadores de la Administración de Parques Nacionales otras actividades, tales como la perforación de pozos para la extracción de petróleo, plantean también ciertas dificultades medioambientales.

A pesar de su inaccesibilidad la Selva Montana tampoco ha salido indemne. La industria maderera, gracias a un mayor desarrollo tecnológico, logró subir la pendiente y ha comenzado a extraer cedros rosados entre otros árboles. En el Bosque Montano y los pastizales de neblina la ganadería y el sobrepastoreo tuvieron lamentablemente un impacto negativo sobre algunas especies.

Las yungas ocupan sólo el 2%
de la superficie del territorio nacional
pero concentran más del 50%
de la diversidad biológica de Argentina.

Pulsos de vida

Todo lo anteriormente citado contribuyó para que las yungas en algunos sitios perdieran eficacia y armonía a la hora de distribuir en la región un recurso tan valioso como el agua.

Sin la cubierta forestal, desde las zona altas el vital elemento resbala rápidamente por la pendiente y arrastra a su paso sedimentos. Lo que además de degradar el suelo se torna peligroso para las comunidades que habitan al pie de la montaña. Se ha vinculado a dicho fenómeno con aludes e inundaciones recientemente acaecidas en la región.

La deforestación, y la quema de pastizales, atentan contra el hábitat de un sinnúmero de especies animales que viven en este ecosistema. La fauna está provista de una gran riqueza: alrededor de 120 especies diferentes de mamíferos tales como el amenazado yaguareté, el huemul del norte o taruca y el tapir (Tapirus terrestris) sólo por recordar algunos.

Además alberga al 60% de las especies de aves de la República Argentina tales como pavas de monte (Penelope obscura), el loro hablador alisero (Amazona tucumana), el burgo (Momotus momota) y el tucán (Rhamphastos sp.). Mientras que si de reptiles se trata descollan caimanes, tortugas y lagartos (Tupinambis sp). También por si fuera poco algunas serpientes ponzoñosas como la coral, la víbora de la cruz y la popular cascabel.

Las yungas ocupan sólo el 2% de la superficie del territorio nacional pero concentran más del 50% de la diversidad biológica de Argentina. Allí todos los días se desarrolla un festival en donde la principal atracción es la naturaleza. Son biomas imprescindibles concuerdan los científicos, mientras bregan por la puesta en marcha de mejores estrategias de conservación. La esponja en tanto gota a gota aún regala pulsos llenos de vida.

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