DELFINES EN EL RÍO

Leonardo Russo Lacerna - Fundación Cethus
A

ristóteles (384-322 a.C.), en sus investigaciones sobre los seres vivos, diferenció por primera vez a los cetáceos de los peces. En su texto de zoología “Historia de los animales”, detalla características diferenciales como la presencia de pulmones en lugar de branquias, la condición de viviparidad (las crías nacen vivas directamente de la madre) y la presencia de mamas.

Del mismo modo, el gran naturalista sueco Linneo (1700) demostró que este grupo pertenecía a los mamíferos puesto que observó que éstos poseían casi todos los mismos huesos que el resto de los integrantes de este grupo, respiraban aire por pulmones, gestaban a su cría en el útero y la amamantaban.

De leyendas y mitología

Desde el 1500 a.C., artistas griegos y romanos, inspirados por su atracción a los delfines y ballenas, incorporaron a estos animales en sus obras, realizando las primeras esculturas y pinturas. En Atenas se ilustraron leyendas griegas con delfines como la que aparece grabada en la copa de Dionisio, dios del vino y la alegría; la historia cuenta que estos mamíferos marinos antes que delfines fueron hombres, concretamente unos piratas.

“Los cetáceos no poseen cuerdas vocales pero pueden producir sonidos que lo emanan de una serie de sacos ubicados debajo del orificio nasal, los chillidos, silbidos y chasquidos se producen pasando aire por dichos sacos.”

¿Por qué en el mar si es de río?

Por el azar evolutivo, hace muchos millones de años un ancestro mamífero terrestre regresó al mar y progresivamente fue evolucionando hasta modificar su anatomía para lograr una adaptación casi perfecta al medio acuático. De esta forma lograron independizarse de la vida en la tierra, desarrollando su ciclo de vida completo dentro del medio marino. Esto los diferencia con otros mamíferos marinos como leones, lobos y elefantes marinos así como focas y morsas, los cuales necesitan utilizar el medio terrestre durante la época reproductiva.

Posteriormente, algunos delfines lograron colonizar el agua dulce, viviendo exclusivamente en los ríos como los delfines fluviales de los ríos Amazona, Orinoco, Ganges e Indo. Contrariamente, la franciscana (Pontoporia blainvillei), también llamado el delfín de río o delfín del plata, es la única especie de delfín que a pesar de tener las características de un delfín de río, vive tanto en ambientes de agua dulce como marinos. Es una especie endémica de América del sur y es la única representante en su familia (Platanistidae), emparentada con las otras especies de río antes mencionadas. Esto la convierte de una especie muy especial ya que mantiene características anatómicas y fisiológicas de una especie de agua dulce pero soporta la vida en el mar. Es por ello que es posible observarla en zonas cercanas a la costa, desde el sur de Brasil hasta la Península de Valdez, penetrando ocasionalmente dentro del estuario del Río de La Plata.

Nuestro pequeño Francisco de río

El nombre franciscana se debe al parecido que tiene este animal con el atuendo usado por los monjes franciscanos. Su color es ocre amarillento, aclarándose en los laterales y el vientre. Es uno de los delfines más pequeños, el cual llega a medir aproximadamente 1,75 m de largo y pesa en promedio unos 50 kg. Su expectativa de vida es de unos 20 años y vive en grupos de 2 a 5 individuos sin formar grandes manadas.

La forma del cuerpo es aguzada, perfectamente hidrodinámica, lo que le permite ser muy veloz en el agua y tener una gran movilidad. Al haber perdido evolutivamente sus pelos, la fricción del agua sobre la piel se reduce lo que le permite alcanzar una velocidad de hasta 40 km/hora. Son capaces de bucear por un período de hasta casi una hora y media a grandes profundidades. Posee una importante capa de grasa que lo aísla del medio y le permite sumergirse en aguas profundas.

Sus aletas son totalmente diferentes a la de sus parientes marinos ya que la dorsal no es muy prominente y se ubica en el centro del lomo mientras que las pectorales son anchas y cortas. Es la especie de delfín que posee el pico más largo provisto con 20 a 50 dientes iguales (homodontes) de forma cónica en cada mandíbula. Esto les permite atrapar a sus presas y tragarlas enteras. Su dieta es muy variada, habiéndose descripto su composición integrada por 20 peces, 4 camarones y 2 calamares; las especies de peces más importantes son la pescadilla de red (Cynoscion guatucupa), la corvina rubia (Micropogonias furnieri), el jurel (Trachurus lathami), la anchoíta (Engraulis anchoíta), la brótola (Urophycis brasiliensis), el pejerrey (Odonthestes argentinensis), y la raneya (Raneya fluminensis); uno de los calamares es el Loligo sanpaulensis Durante la época de primavera–verano los peces son abundantes por lo que capturan sus presas fácilmente, nadando erráticamente, sin realizar estrategias de captura. Sin embargo, en épocas de invierno, cuando el alimento es más escaso, se los observa realizando procedimientos cooperativos, usando diferentes estrategias según el tipo de comportamiento de la presa. Estas estrategias están orientadas a capturar individuos de los cardúmenes. Este comportamiento cooperativo ha sido observado en aguas bajas y cercanas a la costa.

Su cerebro es grande, con una corteza cerebral bastante desarrollada en comparación con la media de los mamíferos. Su cabeza es abovedada y de gran movilidad con respecto al resto del cuerpo ya que 7 de sus vértebras cervicales no se encuentran soldadas. Esto los diferencia de los delfines oceánicos, los cuales están impedidos de hacerlo por poseer dichas vértebras fusionadas. Por esta razón es que se observan con mucha frecuencia movimientos de cabeza de trayectoria horizontal o circular. Se considera que en numerosas ocasiones estos movimientos constituyen el inicio de cambios bruscos de dirección en la natación.

Respiran a través de un solo orificio en la parte superior de su cabeza, denominado espiráculo. Tienen la capacidad de oír en el agua y la de tener obturadores de los orificios nasales, alejados del hocico, lo que le permite bucear en las profundidades.

La “telescopización” (telescoping) es una característica propia de los mamíferos marinos y no de los terrestres y constituye el proceso de modificación que sufrió evolutivamente el cráneo y que dio origen a la posición de los orificios nasales por encima de la cabeza para facilitar la respiración en la natación. La caja craneal se comprimió dejando lugar al melón usado en la ecolocalización, algunos huesos del cráneo se alargaron mientras que otros se desplazaron, como la maxila hacia adelante formando el rostro o “pico”.

Las hembras alcanzan su madurez sexual a los 5 años, edad a partir de la cual paren una cría viva luego de un período de gestación de 10 a 11 meses. La época de cría y reproducción es en primavera, en donde los días de pesca por mes son más frecuentes.

Algunas investigaciones señalan que en esta época del año se acercan a la costa dado que esta zona podría ofrecer protección y suficiente alimento en la estación reproductiva

Las orcas y algunas especies de tiburones son sus principales depredadores. De estos últimos los más comunes son el “bacota” (Carcharinus brachyurus) y el “escalandrún” (Carcharias Taurus) ambos habitan aguas argentinas y se encuentran en situación de vulnerabilidad según la UICN.

Wikipedia

El agua de mar es ochocientas veces más densa que el aire
y los sonidos se transmiten cinco veces más rápido

¿Cantando bajo el agua?

Los cetáceos no poseen cuerdas vocales pero pueden producir sonidos que lo emanan de una serie de sacos ubicados debajo del orificio nasal, los chillidos, silbidos y chasquidos se producen pasando aire por dichos sacos.

Los delfines al no tener una buena visión y para poder competir con los tiburones que son extremadamente olfativos, adquirieron una facultad sensorial basada en el sonido. Como el agua de mar es ochocientas veces más densa que el aire y los sonidos se transmiten cinco veces más rápido, desarrollaron un sistema de ecolocalización. Esto significa que emiten una amplia gama de sonidos en forma de impulsos sonoros denominados “clicks”, a partir de los cuales obtienen información sobre el entorno y los objetos presentes en los alrededores a través de la recepción de los ecos generados por dichos sonidos. Esto le permite precisar y discernir variables de sus presas tales como el tamaño, la velocidad, la dirección, la posición, la textura, la estructura interna, entre otras características, en ambientes de aguas turbias como el del Río de la Plata.

¡Amenazados!

La franciscana es la especie más amenazada de delfines del Atlántico Sur. Según la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza), enfrenta un alto riesgo de extinción en estado silvestre. Esto se debe a factores tales como la contaminación de los mares y, fundamentalmente, por la captura incidental a raíz de la pesca artesanal e industrial con redes (tales como las redes de enmalle y las redes camaroneras), las que causan la muerte de entre 300 y 400 delfines por año. Esto impacta negativamente sobre la especie, generando serios problemas en el mantenimiento de poblaciones viables a largo plazo. Este último factor de mortalidad se debe a que la franciscana basa su dieta fundamentalmente entre cinco y siete especies de peces, tres de las cuales son de interés comercial y concuerda con la talla de la captura de la pesca comercial, esto potencia aún más la vulnerabilidad de este delfín.

Según investigaciones realizadas a pesar de que son varios los problemas que aquejan a las poblaciones de franciscanas, la amenaza mayor continúa siendo el enmalle en redes de pesca.

Centinela del Mar

El agua de mar posee naturalmente cierta cantidad de metales pesados pero la acción del hombre en estas últimas décadas ha incrementado estos niveles a valores superiores a los estándares máximos considerados para organismos vivos, por lo que tienen un impacto negativo en todos organismos acuáticos. La Franciscana, como el resto de los mamíferos marinos, acumulan en sus tejidos y órganos blandos (como el riñón y el hígado) este tipo de contaminantes. Estudios realizados en este tipo de tejido han indicado que se encontraron elevadas cantidades de metales pesados como el cromo, níquel, plomo, zinc y cadmio, tanto en machos como en hembras de franciscanas. Hay que tener en cuenta que esta especie habita las zonas costeras en las cuales hay mayor nivel de contaminación. Por este motivo se la considera “centinela” puesto que resulta un indicador adecuado para determinar la calidad ambiental del lugar donde habita.

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