UN VIAJE AL TRIÁSICO

En Ischigualasto, un parque provincial y natural ubicado al noreste de la provincia argentina de San Juan, desde hace tiempo se escucha al viento hablar. Recuerda anécdotas del Triásico, relatos de primitivos dinosaurios y formaciones geológicas que a pesar del paso de cientos de millones de años aún no se olvidan.

E

l Periodo Triásico perteneció a la denominada Era Mesozoica, tuvo desarrollo entre 251,0 ± 0,4 y 199,6 ± 0,6 millones de años atrás, y en Ischigualasto aflora en su máxima expresión. Sus areniscas rojizas, ocres y parduzcas dan paso a valles que han sido etiquetados como paisajes lunares, cerros que alguna vez tuvieron actividad volcánica, algunos acantilados no aptos para acrofóbicos y caprichosas geoformas –un submarino en el desierto por ejemplo- esculpidas pacientemente durante largo tiempo. En todos ellos está escrita a fuego, y de manera ininterrumpida, toda la historia geológica, biológica y climática del citado periodo.

Tres horas son las que aproximadamente demanda una visita al Parque Ischigualasto, unas 62.916 hectáreas protegidas y ubicadas en lo que alguna vez fue un supercontinente llamado Gondwana. Durante ese lapso -según el testimonio de algunos guías- el visitante suele sucumbir ante ilusiones venidas de antaño, quizás producto del relato del viento o del calor algunas veces agobiante.

En donde solo se encuentran sedimentos, algunos de ellos afirmaron haber visto ríos cristalinos. Mientras que otros directamente corrieron a refrescarse en un inexistente lago al que llamaban Ischichuca. Un turista recién llegado de Europa afirmaba que en su navegador satelital guardaba las coordenadas precisas para dar con un frondoso bosque de reparadoras araucarias, pero al llegar al sitio predestinado solo encontró algunos restos de troncos petrificados. En tanto una pareja coincidía en que en el clima desértico de Ischigualasto -con precipitaciones anuales que no superan los 200 milímetros- lo que “mata” es la humedad.

Más de una vez los guías han pensado en pedir asistencia médica. Especialmente cuando algunos manifiestan divisar a lo lejos a un Herrerasaurus ischigualastensis. El dinosaurio se extinguió hace cientos de millones de años, pero igual aseguran que lo ven pasar rápidamente en dos patas -con su hocico bien desarrollado y filosa dentadura- tras una infortunada presa.

Herrerasaurus ischigualastensis era uno de los más antiguos dinosaurios que habitaron alguna vez el planeta. Medía aproximadamente un poco más de un metro de alto, por tres a seis metros de largo. Podía llegar a pesar hasta 400 kilogramos, pero eso no le impedía ser un activo predador. Sus cortas extremidades anteriores estaban provistas de temibles garras que le eran siempre de utilidad.

Para los paleontólogos el estudio del citado dinosaurio, al igual que el análisis de otro también hallado en el parque denominado Eoraptor lunensis, aporta información clave a la hora de entender el origen y la evolución temprana de un grupo de animales que luego dominarían el mundo. Ischigualasto es la tierra de los ancestros, el sitio en donde para los dinosaurios todo comenzó.

En 1958 Alfred Romer, un explorador de la norteamericana universidad de Harvard, consideraba a Ischigualasto como una delicia para todo paleontólogo. “Es un sueño levantarse a la mañana, salir de la carpa y encontrarse rodeado del cementerio de fósiles más extraordinario y nunca imaginado”, escribió en su diario de viaje.

Según los expertos solo el 11% de los fósiles encontrados en Ischigualasto corresponden a dinosaurios. El resto está conformado entre otros por reptiles, tortugas y protomamíferos, estos últimos verdaderos antepasados directos de los mamíferos actuales. El parque aporta cantidad y calidad si de registros fósiles se trata.

Permite a los paleontólogos como en pocas partes del mundo seguir con detalle un periodo en el cual coexistió el ocaso de los protomamíferos y el ascenso de los primeros dinosaurios. Luego de ciento de millones de años los mamíferos tendrían su revancha, ayudados en gran parte por el impacto de un asteroide en las costas de Méjico. Pero esa es otra historia.

¿Tierra sin Vida?

Los diaguitas, uno de los pueblos originarios del noroeste argentino, fueron los encargados de nombrar como Ischigualasto a esta porción del Triásico. En su lengua significa “sitio en donde no existe la vida”. Una denominación que si bien puede estar en sintonía con los cientos de restos fósiles encontrados, o con la escasez de agua y pasturas vitales para la cría de ganado, no rinde el debido homenaje a la importante diversidad biológica que reside en el parque.

En la flora de Ischigualasto predominan matorrales y cardonales. Existen numerosas especies arbustivas entre las que se encuentran jarillas (Larrea cuneifolia) y chilcas (Baccharis salicifolia) por solo nombrar a dos. Un cactus verde oscuro llamado Echinopsis leucantha se olvida que reposa sobre un suelo árido y regala una flor blanca a los visitantes. Los arboles aquí siempre son minoría, pero algarrobos y chañares se dedican a pintar algunos oasis de sombras en medio de tanta heliofanía.

Alrededor de 88 especies autóctonas de animales habitan el área protegida. Se pueden divisar mamíferos, reptiles, ofidios, aves y hasta simpáticas tortugas. La iguana Liolaemus cuyanus reposa sobre una roca mientras observa cómo algunos guanacos (Lama guanicoe) intentan esquivar a una víbora coral (Micrurus pyrrhocryptus) atravesada en medio del camino. Desde una nube, un cóndor andino (Vultur gryphus) como es de costumbre oficia de centinela.

Miles de millones de años de evolución le permitieron al inhóspito Ischigualasto disfrutar en la actualidad de una gran diversidad biológica. Por medio de un lento proceso la vida aprendió a abrirse camino entre barrancas y lomadas. Lamentablemente bastaron periodos mucho más cortos de tiempo para minar parte de su esplendor.

El tiempo transcurrido desde que una munición sale disparada de una escopeta de algún cazador furtivo hasta que hace blanco en algún guanaco siempre es ínfimo en comparación con el que le demandó a esa especie adaptarse a las condiciones extremas del terreno. Otras actividades humanas tales como la ganadería extensiva, la deforestación con la finalidad de obtener madera para la industria vitivinícola, la introducción de especies exóticas tales como burros y liebres, y por si fuera poco la práctica de un turismo poco sustentable, a lo largo de la historia han generado duros escollos para la biodiversidad de la región.

Desde 1964 se pusieron en marcha normas jurídicas destinadas a proteger la riqueza natural y científica de Ischigualasto. Durante el citado año se creó en San Juan el Museo Provincial de Ciencias Naturales. Su principal atribución en ese entonces era ser el encargado y custodio de los yacimientos paleontológicos. Algunos de ellos lamentablemente ya habían sido saqueados.

Ischigualasto fue nombrado Parque Natural en 1971, en 1995 Lugar Histórico Nacional y finalmente en el 2000 Patrimonio Natural de la Humanidad según la UNESCO. Desde 2004 la Administración del Parque Provincial Ischigualasto, un ente autárquico del gobierno de la provincia, tiene como misión la preservación, conservación y vigilancia adecuada del patrimonio natural, cultural y científico del parque.

El Gringo de los Huesos

William Sill fue un geólogo y paleontólogo norteamericano que pasó gran parte de su vida en Ischigualasto. Para los pobladores de la región no era otro que “el gringo de los huesos”. Había llegado en 1959 y solía ser visto con su ropa color caqui, pañuelo al cuello y sombrero oscuro, todo cubierto de polvo tras la pista de algún fósil.

San Juan fue su lugar en el mundo. Descubrió cientos de fósiles, dio clases en universidades, y su rol fue central para fundamentar la designación de Ischigualasto como Parque y luego Patrimonio Natural de la Humanidad. También allí conoció a su esposa, adquirió fisonomía gaucha y sufrió una lesión incapacitante en la cadera al caer desde un barranco en medio de una expedición.

Para Sill “la magia de Ischigualasto no está solamente en los fósiles que ahí abundan, sino es el contexto completo del lugar que toca algo en el espíritu humano”. Pasó más de 30 años en el parque y según confesó nunca se cansó. Cada día fue para él una experiencia nueva. “Cuando uno se va del valle siente que algo le falta y añora volver”, afirmaba en un artículo.

La muerte lamentablemente lo encontró en 2008 lejos de Ischigualasto. Sill residía en Estados Unidos hacia donde había retornado en búsqueda de un tratamiento para una enfermedad padecida por su esposa. Siempre deseó que las cenizas de su corazón reposaran en Ischigualasto y sus familiares no dudaron en concederle tal petición.

“En el silencio profundo de Ischigualasto uno puede escuchar su propio latido como un golpe de tambor”, solía decir.

Ischigualasto es más popularmente conocido como Valle de la luna. No son pocos los que creyeron ver en su topografía similitudes con el suelo del único satélite natural terrestre. Pero en sus anécdotas el viento en ningún momento hace referencia a la luna. Cada formación geológica reestudiada, todo nuevo fósil desenterrado, el paso diario de una tropilla de guanacos, la sombra de un heroico algarrobo, y también cada latido de un investigador extasiado, sirven de material para un libro que da cuenta de un pasado, presente y futuro bien terráqueo. Y por suerte está el viento para contarlo.

Tel: 02646 – 491100
Email: ppischigualasto@hotmail.com
Ischigualasto – Valle Fértil – CP 5449
San Juan – República Argentina

Extranjeros  $160
Residentes en Argentina $100
Residentes Sanjuaninos $60
Jubilados Sanjuaninos $50
Jubilados Nacionales $70
Estudiantes Sanjuaninos $50
Estudiantes Argentinos $70
Residentes de Valle Fértil o Nativos $0
Menores de 6 años $0
Invitados Especiales $0
01 de Octubre al 31 de Marzo 09:00 a 17:00hs.
01 de Abril al 30 de Septiembre 09:00 a 16:00hs.
Martes 24/12/2013 Último ingreso al Parque 11hs.
Miércoles 25/12/2013 Feriado – Cerrado
Martes 31/12/2013 Último ingreso al Parque 11hs.
Miércoles 01/01/2014 Feriado – Cerrado

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