EL PARQUE NATURAL DE KARUKINKA, EN CHILE, CONTIENE UNO DE LOS MAYORES BOSQUES DEL EXTREMO SUR DE LA TIERRA.

 

Bárbara Saavedra representa a uno de los mayores terratenientes de Chile y, desde luego, el más atípico. Esta ecóloga de 50 años es una de las responsables de Karukinka, una enorme extensión de bosque y llanura patagónica en el extremo sur del país. La organización a la que representa, la Wildlife Conservation Society (WCS), es la propietaria de las casi 300.000 hectáreas de este parque natural, la mayor parcela privada de la península de Tierra del Fuego, donde un reducido equipo de profesionales con recursos limitados se afana por proteger uno de los mayores bosques australes del planeta.
En los 90, Trillium, una compañía maderera de EE UU, compró estas tierras para talar parte de sus bosques de lengas, el haya del sur. La empresa quebró y la enorme finca quedó en manos de Goldman Sachs. En 2004, los ejecutivos del poderoso banco de Wall Street le cedieron todas las tierras a WCS, una ONG con sede en EE UU que gestiona proyectos de conservación en 60 países. Fue la mayor cesión de tierra privada para conservación de la naturaleza en todo el mundo. A parte de sacar pecho con una clara apuesta por el medio ambiente, el banco ganaba una cuantiosa rebaja fiscal en EE UU, según reconoció uno de sus ejecutivos a The New York Times.

 

 

Colonia de albatros de ceja negra en Karukinka (Chile)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En la actualidad Karukinka es uno de los mayores exponentes de un fenómeno creciente en Chile: enormes reservas naturales que son propiedad de mecenas extranjeros que quieren preservarlas y que incluyen los parques de Pumalín (277.00 hectáreas) y Yendegaia (40.000 hectáreas). Ambos fueron comprados por Douglas Tompkins, el fundador de North Face que murió en diciembre de 2015 mientras hacía kayak en la Patagonia chilena.

 

“La pérdida de biodiversidad a nivel mundial es el mayor problema medioambiental que afrontamos, pero no es ni de lejos tan conocido como otros”, explicó Saavedra durante una visita a Karukinka organizada por WCS e Imagen de Chile a la que fue invitado este diario. “Este parque es uno de los últimos ecosistemas intactos que quedan en el planeta, aunque va camino de dejar de serlo, en parte por la presencia de especies invasoras”, señaló la ecóloga, directora de WCS en Chile.

 

Karukinka está, casi literalmente, en el fin del mundo, sin servicio de transporte público o privado que llegue hasta su entrada. Situado en el sur de la Península de Tierra del Fuego, el ejército chileno sigue construyendo la primera carretera que tiene previsto adentrarse en el extremo sur del país hasta alcanzar el canal Beagle. Melissa Carmody es la coordinadora del parque, que vigilan ocho guardas y que ni siquiera tienen un vehículo fijo para controlar una extensión de bosques, llanuras y turberas unas 50 veces más grande que Manhattan. “Chile es uno de los países que menos fondos invierten en conservación de todo el mundo”, reconoce Carmody. A pesar de estar concebido inicialmente para la conservación y de ser tan remoto, el parque está abierto al público y tiene decenas de kilómetros de rutas de senderismo y bicicleta. Apenas recibe unos pocos cientos de visitantes al año, parte de ellos científicos que vienen a estudiar las más de 100 especies que lo habitan.

 

“La gran mayoría de nuestros fondos son adquiridos por postulación a ayudas del extranjero o pequeñas donaciones”, explica Daniela Droguett, responsable de WCS en la provincia de Magallanes, vecina a Tierra del Fuego. “El gobierno nos apoya en nuestros proyectos de conservación, no necesariamente con dinero directo, pero sí con apoyos en gestión o en llevar iniciativas en conjunto”, añade.

 

El parque y su entorno cercano es hogar de varias especies amenazadas. Pingüinos rey, elefantes marinos y la única colonia de albatros de ceja negra que habita tierra adentro y que está amenazada por el visón, otras especie invasora. “Antes de que abriésemos hace seis años la gente se colaba para hacerse el bendito selfie con los animales, les ponían sus gafas de sol, los abrazaban e incluso se los llevaban”, explica Cecilia Durán, jefa de operación del Parque Pingüino Rey, otra iniciativa privada cercana a Karukinka. “Ahora hay siempre una persona de guardia”, asegura, y se ha conseguido que la población de unos 150 ejemplares de esta especie, la más grande después del pingüino emperador, se haya asentado en la zona tras haber desaparecido en los 90.

 

Para garantizar la conservación, las responsables de Karukinka quieren dar a conocer mejor su trabajo en el parque para evitar suspicacias. “Hay gente a la que le molesta que las tierras no sean de Chile, sino de EE UU, que piensan que tenemos mucho dinero o que hay segundas intenciones”, reconoce Saavedra. La ecóloga conoció Karukinka en 1995, cuando fue contratada como científica para analizar el ecosistema e intentar que la explotación maderera fuese sostenible. Veinte años después capitanea el equipo encargado de salvar este entorno, con una importante presencia femenina. “No he forzado que haya mujeres en el equipo, pero me importa, cuando eres consciente de la discriminación en todos los ámbitos tienes que pelear contra ello”, asegura.

 

 

Fuente: El Pais