VOLVIÓ EL TERROR DE LAS HORMIGAS

Autor: Fernando Fuentes

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icen que entre los pastizales del Iberá, en la provincia Argentina de Corrientes, decenas de monstruos con hocicos alargados y lenguas pegajosas siembran el terror entre las hormigas. Con olfatos potentes, y garras que escudriñan, recorren días y noches la geografía correntina en busca de alimento. No son extraterrestres, ni vinieron en platos voladores. Migran de otras provincias vecinas y desde hace unos años están allí gracias a una iniciativa de Conservation Land Trust (CLT), una organización ecologista no gubernamental (ONG).

El aparecido en cuestión -oso hormiguero o Myrmecophaga tridactyla para los científicos– es un mamífero que puede llegar a medir dos metros de largo, claro, si se tiene en cuenta su larga cola. Ejemplares adultos pesan alrededor de 50 kilogramos. Las que lo han visto de cerca dicen que no tiene dientes, pero sí una temible lengua que mide sesenta centímetros. Parece ver mal, se guía fundamentalmente por el olfato. Tiene el cuerpo recubierto por un pelaje color castaño o grisáceo, con una V negruzca y algunas líneas blancas. En el lomo porta una vistosa crin que se une con el pelambre de la cola.

Por Iberá suele andar solo, o a lo sumo acompañado de otro. Algunos acarrean una cría en el dorso.

Recorre lentamente -aproximadamente un kilómetro por hora- largas distancias en busca de sustento. Preda hormigas de los géneros Solenopsis, Camponotus, Crematogaster, entre otras. También actúa sobre termitas de los géneros Nasutitermes, Armitermes, Velocitermes, por nombrar algunas. Cada periodo de alimentación es breve y dura alrededor de un minuto. Por ello, para saciarse debe mantener la lengua y las garras activas gran parte del día. Parece tener apetito selectivo, ya que a pesar de la abundancia de hormigas del género Atta no existen registros de predación sobre dichos insectos.

Vulnerable

Los osos hormigueros no son territoriales y suelen requerir entre dos a doce kilómetros cuadrados cada uno para desarrollarse normalmente. No son especialistas y ocupan áreas cerradas de bosques pequeños y extensas sabanas cubiertas de pastizales. Se llevan bien con el clima subtropical de la región debido a que tienen baja tolerancia a temperaturas extremas. En invierno prefieren los bosques, mientras que en verano suelen buscar refugio térmico en el agua de un humedal.

Lamentablemente el hábitat de dichos mamíferos -mal llamados osos y más cercanos a los armadillos o los perezosos desde el punto de vista genético- ha sufrido una progresiva degradación. El desmonte y la tala de bosques para la ganadería, agricultura, o el trazado de carreteras, han generado complicaciones para el animal. Gran parte de los osos hormigueros han terminado sus días a manos de algún cazador furtivo, el perro de este, un incendio forestal intencional o las ruedas de un automóvil.

Todo lo citado, sumado a la tasa de reproducción lenta de la especie -con madurez sexual nunca antes de los dos años y medio y una sola cría anual- han contribuido a que el oso hormiguero sea considerado una especie vulnerable y en peligro de extinción en Argentina.

En busca de poblaciones autosustentables

Atento a lo referido por la Unión Internacional de la Conservación de la Naturaleza (UICN), un grupo de biólogos y expertos en conservación ambiental desde hace tiempo trabajan en suelo correntino. Pertenecen a CLT, fundada por el ya fallecido filántropo Douglas Tompkins. Uno de los objetivos centrales de su tarea tiene que ver con la instalación de una población autosustentable de osos hormigueros en Corrientes. Confían que en diez a quince años el objetivo estará cumplido.

Por el momento se dedican a recibir animales que se encontraban cautivos y adoptados como mascotas, como también crías huérfanas rescatadas del mal accionar de los cazadores. A los ejemplares adultos se les impone un periodo de cuarentena en donde se estudia en profundidad el estado de salud del animal. Se realizan exámenes de sangre y materia fecal con la finalidad de pesquisar enfermedades infecciosas. Algunos llegan malheridos de su cautiverio por lo que se buscan -y corrigen por medio de cirugías- lesiones óseas que puedan minar el normal desempeño en la naturaleza.

Las crías en tanto también reciben cuidados intensivos antes de ser introducidas en el entorno salvaje. Se les brinda una crianza artificial, con alimentación a base de un licuado que contiene alimento balanceado para gatos, algunas frutas, y vegetales tales como la zanahoria y la palta. Consideran los expertos como valor óptimo para la liberación los 20 kilogramos de peso. Algo que suele cumplirse entre los 10 a 18 meses de vida.

Libres son

Todos los ejemplares son llevados a un corral de aclimatación donde permanecen diez días antes de ingresar a una reserva natural privada controlada por los científicos de la ONG. Son varias hectáreas restauradas desde el punto de vista ecológico, y colindantes a estancias en los parajes de Rincón del Socorro y San Alonso. Allí la ausencia de predadores naturales, tales como el puma y el yaguareté, o los furtivos cazadores, auguran una mayor supervivencia a los osos.

Una vez en ella la recorren munidos de un radiocollar que emite ondas de radio y permite a los expertos detectar su localización y efectuar un seguimiento por telemetría. Gracias a dicha técnica, los osos son recapturados periódicamente con la finalidad de reevaluar su estado de salud. Otros dispositivos tecnológicos empleados por los investigadores son las denominadas cámaras trampas. Por medio de fotografías, estas cámaras permiten determinar el comportamiento de algunos ejemplares, la presencia en algunos de lesiones que motiven recaptura para tratamiento, o el nacimiento de una nueva cría, entre otras cosas. Están ubicadas estratégicamente en lugares cebados con alimento y son revisadas periódicamente. Paulatinamente han ido reemplazando a los radiocollares, responsables en algunos casos de heridas en la piel de los animales.

Otros factores que condicionan la distribución de la especie son las modificaciones que ha sufrido su hábitat. Diversas actividades humanas, tales como la agricultura o la ganadería por nombrar solo algunas, han impactado directamente en su ecosistema. Pastizales, bañados, pantanos y selvas han perdido biodiversidad y ya no protegen al cánido como antes. Según los científicos cada Aguara Guazú requiere entre 20 a 115 kilómetros cuadrados de hábitat para desenvolverse correctamente y subsistir.

Según estudios de campo realizados, el 53% de las hembras en edad reproductiva liberadas han dado a luz durante el primer año. Pero una vez que empiezan a reproducirse la tasa de parición anual es cercana al 100%.

Números auspiciosos

Desde 2007 -y con el apoyo del Gobierno de la provincia de Corrientes- se han liberado ya alrededor de ochenta ejemplares. Uno de ellos provino de un Zoológico de Florencio Varela, localidad urbana situada en la provincia de Buenos Aires. Los números para CLT parecen ser auspiciosos: según estudios de campo realizados, el 53% de las hembras en edad reproductiva liberadas han dado a luz durante el primer año. Pero una vez que empiezan a reproducirse la tasa de parición anual es cercana al 100%. La supervivencia anual de los animales reintroducidos y sus crías es nada menos que del 92%. Si se conjugan las cifras, se concluye que las poblaciones reintroducidas estarían creciendo de manera autosustentable en un 29% anual.

Lo relatado es algo que no estaría ocurriendo en otras provincias argentinas. Según los biólogos, aún resisten ejemplares en Formosa, Chaco, Salta, Jujuy y Santiago del Estero. Pero las comunidades de osos allí experimentan una franca disminución en el número de integrantes. Tal es así que en Tucumán, Córdoba y Santa Fe directamente han desaparecido. En el Iberá en tanto están de vuelta. Algunos llevan nombres carismáticos tales como Porota, Curumí o Cambá. Apelativos que lejos están de ser acordes al obligado oficio de terror de las hormigas.

Showing 2 comments
  • Gabriel Carlevari
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    Siempre sigo con gran interés los procesos de reintroducción de fauna que se están realizando en la provincia de Corrientes. Es altamente auspicioso que esto se esté llevando a cabo conjuntamente entre la ONG The Conservation land Trust y el Gobieno de Corrientes porque puede ser una invitación a autoridades de otras provincias a replicar estos emprendimientos. Lo que preocupa es que mientras en Corrientes se multiplica existosamente la población del llamado oso hormiguero, según dice la propia nota, en la mayoría de las otras provincias que sobreviven poblaciones de la especie estas estarían disminuyendo. Urge entonces que se tomen recaudos especiales para que ello no ocurra, pues de poco valdría que aumenten en un lugar y disminuyan en todos los otros. Desconozco si hay algún proyecto en ese sentido llevado a cabo por alguna institución académica u ONG, pero si así no fuera,crear un grupo de biólogos dedicados a la protección de Myrmecophaga tridactyla sería muy necesario.

  • roberto
    Responder

    Buenas noticias!

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