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Región - Pampa

P

ampa argentina, llanura inmensa interrumpida muy de vez en cuando por tímidas sierras. Superpoblada y solitaria, color verde vegetal o gris cemento. Tierra siempre fértil en donde se siembran ilusiones cada día.

Urbana y cosmopolita en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Hormigón fraguado y transitado por miles de automóviles, decenas de líneas de colectivos y varios ferrocarriles. Bajo el asfalto un subterráneo con algunas líneas juega a unir barrios porteños. Mientras que desde el aire un avión descubre azoteas y pinta postales del Río de La Plata.

Ciudad reanimada de verde gracias a una plaza, un parque o una reserva natural.  

A cinco minutos del febril microcentro, y tan lejos del mundanal ruido, la Reserva Ecológica Costanera Sur aporta una necesaria cuota de biodiversidad. En sus magníficos bañados, lagunas, pastizales y bosques, conviven un sinnúmero de especies animales. Más de trescientos tipos de aves, además de varias especies de mamíferos, reptiles e insectos plantan allí resistencia al incesante malón inmobiliario.

Cruzando la Avenida General Paz o el Riachuelo, ya en la Provincia de Buenos Aires, la metrópolis sigue domando la planicie. Aunque en Morón, al oeste del Gran Buenos Aires, la tierra da un relincho verde en forma de frondoso follaje de árboles nativos. Algunos espinillos, ombúes, molles y talas conforman otra reserva natural urbana, querencia de animales diversos tales como comadrejas y chimangos entre otros. Permite recordarle a las nuevas generaciones como lucía la región antes de convertirse en un gran núcleo urbano.

En la Reserva Natural Otamendi, ubicada a solo 73 kilómetros del Obelisco en dirección norte, la pampa gaucha ondulada se entrevera con la fisonomía del Delta del Río Paraná. Son 2600 hectáreas protegidas que cuentan con pastizales altos y aves semilleras por solo nombrar a algunos de sus habitantes. En tanto que hacia el sur en el Parque Nacional Campos del Tuyú, situado a 293 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires, pampa, océano y estuario confluyen para generar un pago de gran diversidad biológica. Allí el amenazado venado de las pampas tiene su merecido remanso de paz.

En tanto que en la provincia de Córdoba, siempre a modo de gauchada, una quebrada rocosa se convierte en nido de cóndor. En la Quebrada del Condorito, gracias a las corrientes térmicas de aire que se generan, el ave comienza a aprender su heroico oficio de centinela de las altas cumbres.

Pampa gaucha, la áspera del Martín Fierro. Pero también aquella, que como retrato el escritor Ricardo Güiraldes en Don Segundo Sombra, a veces regala “una abertura en el cielo y un rayo de sol que cae sobre el campo y corre quebrándose en los montes, perdiéndose en las hondonadas, encaramándose en las lomas”. Agua, sol y tierra fértil. De yapa, las ilusiones.

Autor: Fernando Fuentes

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