AVES, FAUNA
C

onocido como kúntur entre los Quechuas, Kunturi entre los Aymara, Manque o Alcaman por los Mapuches u Oyikil por los Tehuelches, el Cóndor Andino es temido y reverenciado desde tiempos ancestrales, su imagen fue utilizada como símbolo de poder, fuerza, e inteligencia, por la mayoría de las culturas precolombinas.

Es el rey de los cielos. Tres de sus más importantes atribuciones sostienen esta calificación: La primera, su enorme tamaño; llegan a pesar hasta 15 Kg. y sus alas abiertas alcanzan los 3.5 metros, rasgo que lo convierte en el ave no marina más grande del planeta. La segunda, su gran poder y fuerza; en un día llega a recorrer 200 leguas a más de 1.500 metros de altura; y la tercera es su longevidad, pueden alcanzar hasta los 60 años de edad en estado salvaje y existen registros de aves en cautiverio que llegaron a vivir hasta los 75 años.

Su característica visual distintiva es la coronilla de plumas blancas que corta el oscuro plumaje y lo divide de la cabeza. Pero el rasgo más curioso es sin duda su cabeza, rugosa y desprovista de plumas. Al ser un animal que se alimenta principalmente de carroña, suele encontrarse con la cabeza enterrada hasta el cuello dentro de algún cuerpo en descomposición. Este peculiar desarrollo evolutivo le facilita la limpieza después de alimentarse, previniendo posibles enfermedades e infecciones.

 

Su distribución abarca desde Tierra del Fuego hasta el oeste de Venezuela, con presencia en ambos lados de la cordillera. A pesar de su extensa presencia en Sudamérica, se encuentra en grave peligro de extinción en toda la zona norte de su hábitat, principalmente en Venezuela, donde se lo declaró extinto en 1969, y en Colombia, donde su población se redujo drásticamente en los últimos años debido a la actividad humana. En la actualidad existen varios proyectos de cría en cautiverio y posterior liberación a lo largo de todo el continente trabajando para revertir esta situación, y en Argentina se encuentra protegido en toda su extensión.

Habita entre los 1.000 y 5.000 msnm. a lo largo de la Cordillera de los Andes, donde construye sus nidos y aprovecha al máximo las corrientes ascendentes para planear durante periodos prolongados en busca de alimento, reduciendo el consumo de energía al mínimo posible. También hace incursiones esporádicas a las zonas costeras de Tierra del Fuego, Santa Cruz y Chubut, pero sin duda, el mejor lugar para avistarlos es en las sierras de San Luis y Córdoba.

En el Parque Nacional Quebrada del Condorito, en el centro de las Sierras Grandes al oeste de Córdoba, se los puede observar en sus nidos alimentando a sus pichones, o enseñándoles a planear y buscar alimento. 

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