MAMÍFEROS MARINOS
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epredadora de los mares por excelencia, la orca (Orcinus orca) se destaca por ser una cazadora infalible que no titubea a la hora de atacar a especies que claramente la superan en tamaño.

Este cetáceo, considerado como el delfín más grande del mundo, posee una pigmentación blanca y negra con una montura gris detrás de su aleta dorsal y una mancha blanca arriba y detrás de los ojos.

Ostenta un remarcado dimorfismo entre hembras y machos. Así, los ejemplares masculinos suelen alcanzar los 10 metros de longitud mientras que los femeninos rara vez superan los 8. El peso también varía: mientras que los machos se ubican en el orden de las 10 toneladas, las hembras oscilan entre las 7 y 8. La aleta dorsal aparece como otra pauta de diferencia. Puede llegar a medir casi 2 metros en lo machos, y promedia el metro en la hembras.

Esta especie se traslada en grupos de hasta 40 ejemplares que permanecen juntos prácticamente durante toda su vida. Dicha estructura social es la que le permite ejercer la protección de las crías y le garantiza el éxito en cada incursión de caza. Para sostener todo esto, cuentan con una comunicación vocal muy desarrollada a través de frecuencias altas y bajas que emiten en forma de silbidos o modulaciones. En términos de reproducción, la orca suelen dar a luz una sola cría previa gestación de hasta 18 meses.

Su dieta incluye desde focas hasta pulpos, pasando por lobos marinos, calamares, tiburones, ballenas, tortugas, pingüinos y gaviotas. Un armamento de 52 dientes de unos 8 centímetros de largo y casi 3 de diámetro, sumado a una velocidad de nado de casi 60 kilómetros por hora, hacen de la orca un depredador feroz.

Y su ferocidad es tal que, en las primeras ediciones del tradicional Diccionario de la Real Academia Española -a partir de 1780-, al término orca le correspondía la descripción “Monstruo marino, genéricamente enemigo de las ballenas”. 

Carente de depredadores naturales, su gran enemigo es el hombre quien de forma permanente mengua las especies de las que se alimenta. En el pasado la especie fue blanco de caza en casi todos los mares del planeta hasta principios de la década del 80, cuando comenzaron a regir una serie de acuerdos pesqueros de protección de alcance mundial aún hoy vigentes.

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