REPTILES Y ANFIBIOS
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resente en provincias como Chaco, Santiago del Estero, Corrientes, Formosa, y algunas zonas de Santa Fe, Tucumán y Salta, la rana mono encerada es un anfibio que no supera los 80 milímetros de longitud y se caracteriza por ostentar un color verde oscuro brillante con suaves hileras de manchas blancas sobre todo en el vientre.

De hábitos nocturnos y poco afecto al salto, este reptil suele habitar ramas bajas y juncos, y su alimentación se basa en el consumo de insectos como mosquitos, moscas, langostas o cucarachas.

La especie presenta un claro dimorfismo sexual y las hembras siempre son más grandes que los machos. En contrapartida, estos últimos desarrollan un punto negro en los pulgares que se intensifica principalmente en épocas de apareamiento.

Durante esa época los individuos masculinos atraen a sus parejas a través de un canto agudo que sobreviene sobre todo en verano y cuando concluyen las principales lluvias.

Las hembras colocan huevos en hojas de árboles cercanos a ríos o lagunas a las que, previamente, doblan en forma de cono de manera tal que, una vez eclosionadas las cáscaras, los renacuajos caigan en el agua para completar el desarrollo.

El adjetivo “encerado” proviene de la secreción que el anfibio genera a través de dos glándulas ubicadas en el cuello. Esta sustancia deriva en un compuesto tóxico que el reptil distribuye por todo su cuerpo con ayuda de las patas manteniéndolo a salvo de posibles depredadores. 

En la actualidad, esta especie se ve amenazada tanto por el comercio internacional de mascotas como por la destrucción de su hábitat producto de la expansión económica. En la Argentina, actividades como la tala de bosques y la agricultura basada en la aplicación intensiva de agroquímicos, vienen disminuyendo la población de la rana mono encerada a niveles alarmantes.

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