MAMÍFEROS MARINOS

También conocida como “delfín pío” (nombre científico: Cephalorhynchus commersonii), es una variedad de cetáceo que se considera endémica de la Patagonia. 

F

ácil de identificar por su coloración, con cabeza, cola y aleta negras, mientras que el resto del cuerpo permanece en blanco, la tonina overa dice presente en una franja que se extiende desde el golfo San Matías -entre Río Negro y Chubut- hasta la isla grande de Tierra del Fuego.

Con un tamaño que rara vez supera el metro y medio de longitud, este delfín cuenta con ciertas cualidades de dimorfismo (variaciones entre machos y hembras de la misma especie.)

En ese sentido, hay que decir que mientras los ejemplares masculinos ostentan un peso que apenas supera los 40 kilogramos, las hembras superan con comodidad los 50.

Las toninas overas son muy sociables por lo que suele vérselas nadando junto a otros delfines o marsopas. Son ágiles para el salto y es muy común que sus individuos se deslicen sobre el agua con el vientre hacia arriba.

La danza en el agua entre machos y hembras aparece como el aspecto más destacado en el ritual de apareamiento de este cetáceo. Su cría -rara vez más de un ejemplar- suele nacer en verano previa gestación de hasta 11 meses.

Afecta a nadar muy cerca de la costa, su dieta oscila de acuerdo a la ubicación de cada ejemplar. En el área del golfo San Matías, y también en el de San Jorge, es común que se alimente de merluzas, anchoas o calamares, mientras que en Tierra del Fuego, su predilección son los camarones y las sardinas.

En cuanto al estado de conservación de esta especie, vale decir la Argentina carece de estadísticas actualizadas respecto del número de toninas overas que nadan en sus aguas. Sin embargo, científicos chilenos realizaron distintas mediciones entre 1984 y 1996.

Los sondeos determinaron que en ese lapso la población descendió de 3.211 a 718 individuos por lo que, de tomarse esos datos, la perspectiva resulta cuanto menos alarmante. Esta especie suele merodear las embarcaciones, por lo que redes a la deriva lanzadas por buques pesqueros y captura ilegal para su uso como carnada aparecen como los factores que explican esta caída rotunda en la cantidad de individuos.

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