ICTIOFAUNA
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ay que ser marrón para ser una gran trucha”. La máxima, que se repite entre los pescadores que tienen a la especie como objeto de deseo, corresponde precisamente a la trucha marrón (Salmo trutta, en la jerga científica), uno de los salmónido más abundante de la Patagonia argentina sólo detrás de la variedad arco iris.

Se trata de un pez que en su versión adulta puede alcanzar los 80 centímetros y un peso de hasta 8 kilogramos. Y que, como otras especies de la familia, irrumpió en el país a principios del siglo XX.

Originaria de Europa y algunas zonas de Asia, la trucha marrón se distribuye desde Neuquén hasta Tierra del Fuego, aunque también es fácil ubicarla en provincias cordilleranas como San Juan o Mendoza.

De color marrón oscuro en buena parte del cuerpo, también se caracteriza por los tonos dorados en el vientre.

Al mismo tiempo, su piel exhibe manchas tenues en rojo o verde, y puede alcanzar una longevidad de hasta 16 años. Se diferencia de la arco iris por su mayor robustez y una aleta superior sin cambios de color.

Habitante del fondo de las aguas, suele pasar el día entre troncos y rocas sumergidas. Es en ese ámbito donde lleva a cabo la caza de las especies de las que se alimenta: insectos, cangrejos y peces de menor tamaño.

Se trata de una especie territorial, por lo que suele atacar con agresividad a las variedades que se aventuran en sus espacios. 

Considerado por los pescadores un individuo de gran astucia, la trucha marrón remonta los ríos en épocas de reproducción  y las hembras desovan principalmente entre mayo y julio. Las crías comienzan a desarrollarse en el agua a partir de noviembre.

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