REPTILES Y ANFIBIOS

“Usted quédese acá, en la orilla, tomando el sol, que ahora vuelvo con mis hermanas para que usted elija la que más le guste”, concluye un popular relato de la Mesopotamia argentina que explica por qué el yacaré siempre aparece tendido en la orilla de los ríos. El cuento en cuestión narra como un mono, prometiéndole una falsa novia al reptil, logra que este lo traslade en su lomo a través de las aguas para ponerlo a salvo de un peligroso yaguareté. 

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e largas horas en reposo bajo el sol, el yacaré negro es un caimánido endémico de América del Sur y en la Argentina se lo ubica mayormente en Formosa, Corrientes, Misiones, y algunas áreas de Santa Fe, Chaco e, incluso, Salta.

Dueño de un tamaño que en los machos puede superar los 2,6 metros en edad adulta -las hembras se acercan a los 2 metros-, este reptil ostenta un cuerpo cubierto por gruesas escamas en negro azabache y una adaptación que lo vuelve una auténtica arma letal dentro del agua.

Así, sus oídos, ojos y fosas nasales se encuentran ubicados en una misma línea en la parte superior de su cabeza.

Esto le permite mantener sólo dicha zona por fuera del agua, mientas que el resto de su cuerpo permanece sumergido. De esa forma puede prestar atención a su alrededor y, en paralelo, pasar desapercibido como si tan sólo fuese un tronco en el agua.

Acostumbrado a cazar de noche, el yacaré negro basa su alimentación en peces -es el principal depredador natural de la palometa-, tortugas, serpientes, roedores, caracoles e, incluso, pequeños venados.

En lo que hace a su reproducción, la etapa de apareamiento se da en los meses de verano mientras que los nacimientos ocurren a partir de abril. Las hembras de la especie son capaces de colocar hasta 40 huevos blanquecinos.

Estos últimos enfrentan serias dificultades hasta que irrumpen las crías dado que son tomados como alimento por coatíes, zorrinos, boas o lagartos overos. Si bien en la actualidad la población de yacarés overos se mantiene estable, lo cierto es que la destrucción de su ecosistema sumado a la siempre vigente caza furtiva -sobre todo, para la comercialización de su piel- abren interrogantes respecto de su supervivencia en las próximas dos décadas.

En la Argentina, principalmente en provincias como Corrientes, se vienen impulsando distintos proyectos de cría controlada del yacaré con fines tanto ambientalistas como de explotación económica.

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