TOCANDO EL CIELO

Autor: Constanza Coll

E

l camino trepa sin descanso, primero por el asfalto de la Ruta Nacional 9 y después por un sendero de tierra, hasta llegar a los 4000 metros sobre el nivel del mar. Ese es el paraje “Abra del Cóndor”, límite entre las provincias de Salta y Jujuy, y puerta de entrada al pequeño pueblo de Iruya. Colgado entre montañas de tonos rojos y ocres y con vista a todo el valle que forman los ríos Colanzulí y Milmahuasi, este caserío nació en 1750 como un lugar de tránsito entre el Alto Perú y las poblaciones emergentes de esta región.

De aquella época son muchas de sus calles de piedra tan angostas, sus casas de adobe y la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario, con una cúpula azul que llama la atención en la distancia. El pueblo no sólo conserva antiguas construcciones, sino muchas tradiciones y rituales ancestrales, como las ofrendas que le hacen los vecinos a la Pachamama el primero de agosto de cada año o las rondas de coplas que llenan las casas de las familias en la semana de carnaval.

Desde lo más alto del pueblo, se entiende porqué “Iruya”: en quechua significa “confluencia de ríos”

Hay 25 comunidades aborígenes sólo en el departamento de Iruya, y con ellas, muchísima historia viva y que sigue escribiendo coplas sobre las rutinas en la puna y en el valle fértil, y el cruce de las culturas aborígenes y española en la cocina de todos los días, en las vestimentas coloridas y en las creencias religiosas: en Iruya son tan importantes las fiestas patronales (el primer y segundo fin de semana de octubre) como el día que se agradece a la Pachamama y los rituales del carnaval andino.

Desde lo más alto del pueblo, se entiende porqué “Iruya”: en quechua significa “confluencia de ríos” (el Colanzuló y el Milmahuasi, que enmarcan el valle y que, en temporada de lluvias, crecen y rebalsan cerrando los caminos); y en lengua aymará, la palabra Iruya proviene de “Iru”, paja, y “yoc”, abundancia. Es lo que se ve desde la terraza del hotel en el que estamos, ubicado en lo más alto del caserío. También hay cóndores, llamas trepadas a las montañas, un silencio absoluto y un cielo diáfano que se curva en el horizonte.

Iruya queda a 80 kilómetros de Humahuaca, pero por caminos escarpados que exigen conductores atentos y más tiempo del que supone la distancia en sí misma. Por eso lo mejor es quedarse al menos un par días y disfrutar de las propuestas de actividades en Iruya, como las cabalgatas cuesta arriba hasta el pueblo vecino de San Isidro. Ahí, se puede visitar el cementerio en altura, casas de artesanos y tejedoras, y algunos de los escenarios donde se filmó la película Río Arriba, del cineasta argentino Ulises de la Orden y con música de Ricardo Vilca.

Como en otros pueblos del noroeste argentino, la cocina de Iruya conquista a viajeros de todas las latitudes. En los hoteles y restaurante del pueblo se puede probar guisos con carne de llama y papines andinos, risottos a base de quinoa y de postre, queso de cabra con dulce de cayote, entre otras preparaciones típicas del NOA. Pero si hay un plato fuerte en Iruya, ese es el cielo, uno de los más estrellados de todo el país.

Iruya es parte de la provincia de Salta, pero se llega desde la ciudad de Humahuaca, en Jujuy. En avión, Aerolíneas Argentinas vuela a Jujuy desde $2.260 ida y vuelta (www.aerolineas.com.ar). Una vez allá, de la terminal salen micros con destino a Iruya de la empresa Expreso Panamericano.

Trepado en lo más alto del caserío, el Hotel Iruya tiene una de las mejores vistas del valle, el río y todo el pueblo. Cuenta con 15 habitaciones en las que reina el silencio, un restaurante de cocina regional, ventanales inmensos y una gran terraza desde donde perderse siguiendo el vuelo de los cóndores (dobles desde $ 1200 la noche, más información en www.hoteliruya.com).

Para conocer el pueblo en su estado más puro, lo mejor es evitar la temporada de vacaciones de verano, que lo colman de turistas. Además, en esa época llueve mucho (de diciembre a marzo), lo que complica los caminos, primero para poder llegar, y luego para hacer caminatas y excursiones en los alrededores. También recomendamos coincidir con el carnaval o con el Día de la Pachamama, que se celebra con rituales, ofrendas y música el 1° de agosto.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: