UN OSO CON ANTEOJOS

Autor: Fernando Fuentes

I

nmerso en la densa selva nublada que tapiza algunas regiones andinas de América del Sur un oso intenta infructuosamente pasar desapercibido detrás de unos anteojos. No es para menos, del mamífero con mayor o menor rigor se ha dicho de todo.

Científicos lo consideraron extinto en el Noroeste Argentino, mientras que algunos investigadores, respaldados por un reciente análisis de su ácido desoxirribonucleico (ADN), vuelven a situarlo dentro de la geografía argentina.

“Un campesino vio claramente como salían llamaradas de fuego de sus ojos y otro hasta lo ha acusado de llevarse a su esposa.”

Manchas como Huellas Dactilares

Según los expertos el oso de anteojos –o Tremarctos ornatus según su denominación científica- es el único integrante de la familia de los úrsidos que habita actualmente Sudamérica.

Su nombre más popular deriva de la presencia de una mancha blanquecina o blanco amarillenta que desde la base del hocico rodea a los ojos del oso a manera de anteojos. Suele extenderse también al cuello y a la parte superior del pecho del animal.

En contados casos la mancha puede estar totalmente ausente, pero es más habitual que el espécimen lleve tatuado en su pelaje negro – a veces puede ser marrón oscuro o incluso rojizo- un dibujo único e irrepetible. Por medio de ella puede ser identificado, tal como ocurre con las huellas dactilares humanas. Gracias a la observación directa, o el empleo de cámaras trampa, los científicos estudian el comportamiento de un oso en particular en su hábitat natural.

Un Oportunista

Así han podido determinar que el animal transita senderos solitarios y forma nidos o encames con ramas de árboles, generalmente cerca de alguna fuente de alimentación. Su dieta es la de un omnívoro, pero por lejos prefieren los vegetales: alrededor de 305 especies diferentes entre las que se destacan bromelias que crecen en las ramas de los árboles, tallos de bambúes o médulas de palmeras, también numerosos frutos silvestres.

Los investigadores afirman que solo cerca del 10% de su dieta proviene de una fuente animal. Suelen alimentarse con insectos o bien pueden actuar directamente como predadores de conejos y venados entre otros. Incluso si se da la oportunidad llegan a ingerir carroña.

Los cultivos, tales como caña de azúcar, piña o maíz, son fuente de alimentación solo de manera esporádica y también oportunista. Algo similar ocurre con la ingesta de ganado. Las incursiones a campos ganaderos o áreas de cultivos está relacionada directamente con la mayor o menor disponibilidad de alimentos en el ámbito silvestre.

El Ucumar

A pesar de lo citado la mayoría de los ganaderos y productores agrícolas de diversas partes de Sudamérica ven en el oso de anteojos un peligro constante para sus actividades productivas. El encuentro con el hombre ha deparado frecuentemente para el animal infortunio y caza indiscriminada. Pero también ha generado múltiples relatos que forman parte del acervo popular.

En el Noroeste argentino dio vida al Ucumar, un hombre-oso cubierto de pelos que en sus ratos libres se dedica a raptar personas. Especie de yeti autóctono, oso transfigurado en monstruo humanoide. Quizás debido fundamentalmente a los 170 kilogramos de peso promedio y los casi dos metros en bipedestación que puede alcanzar un macho adulto de la especie.

El oso de anteojos presenta un marcado dimorfismo sexual, con hembras de menor tamaño. La osas suelen dar entre una a tres crías durante toda su vida, luego de un periodo de seis a ocho meses de gestación.

Vulnerable

La baja tasa de natalidad de la especie, así como la cruenta cacería a la que ha sido sometida, sumado a la progresiva destrucción de su hábitat, son factores que han contribuido para que el oso de anteojos en la actualidad sea considerado un animal amenazado.

Tiene una gran capacidad de adaptación a diversos ecosistemas dentro de su rango de distribución. Habita selvas nubladas, bosques secos, puna y paramos, en altitudes que van desde los 250 a 4750 metros sobre el nivel del mar. Pero requiere de grandes extensiones de terreno para desenvolverse,

Según la Unión Internacional de la Conservación de la Naturaleza (UICN) Tremarctos ornatus por estos días se encuentra una situación de vulnerabilidad. Las actividades humanas tales como la agricultura, ganadería, construcción de caminos y la explotación minera han desencadenado la reducción y fragmentación del hábitat de la especie. El oso pierde alrededor del 2-4 % por ciento de territorio por año y lamentablemente no existen demasiadas señales que indiquen que eso vaya a cambiar en el futuro cercano.

¿Oso estás?

Los informes de distintos países sudamericanos en donde se ha reportado su presencia – Venezuela, Ecuador, Colombia, Perú y Bolivia- son alarmantes y dan cuenta de poblaciones de osos con marcado descenso en el número de integrantes en todo su rango de distribución.

Por ese motivo cada vez que una cámara capta a este esquivo animal alimentándose, o en medio de la construcción de un nido para un descanso reparador, genera gran satisfacción entre aquellos que les interesa la conservación de la biodiversidad latinoamericana. Ni hablar si ese registro ocurre en zonas en donde se creía extinta la especie.

Fernando del Moral, un investigador argentino residente en la provincia de Salta, desde hace aproximadamente una década afirma que es posible encontrar rastros del oso de anteojos en la selva Tucumano-Oranense de las provincias argentinas de Salta y Jujuy. Algunas señales indirectas recabadas por Del Moral -y dadas a conocer en publicaciones científicas y congresos de la especialidad- fueron: huellas, rasguños en árboles, pelos, excrementos del animal, bromelias disgregadas y senderos o encames en medio de la selva.

En 2012 Damián Rumiz, otro científico argentino afincado en Bolivia, junto a un grupo de colaboradores publicó un artículo en la revista Mastozoología Neotropical. Allí daba por improbable la presencia de una población de Tremarctos ornatus en Argentina.

Rumiz calificó como no concluyente la evidencia aportada por Del Moral. Según él con fotos de huellas y rasguños poco claras, otra huella en calco de yeso incompleta, además de inconsistencias en la localización geográfica de las zonas estudiadas. En su artículo también aseveró que para sustentar la presencia de especies, antes consideradas ausentes, se debía contar con especímenes en caso de que esto sea posible, fotos, videos del animal, o evidencias directas de ADN.

En septiembre de 2014 Del Moral publicó un nuevo trabajo, esta vez en la revista Ursus. A partir del análisis de ADN de muestras de pelos y excrementos -algunas recolectadas en 1993 por otro investigador y otras por su equipo en el periodo 2006-2008- concluyó que estaba en condiciones de confirmar la presencia del esquivo oso en las yungas de Argentina.

Los sitios de muestreo incluyeron las serranías de Santa Maria, en el departamento de Orán, al Noroeste de Salta y Ramada Barrosa, al sudeste de Jujuy en el departamento Ledesma. La secuencia genética obtenida por Mariana Cosse, científica del uruguayo Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable, reflejó gran similitud al ser comparada con otra del oso de anteojos. Esta última disponible como referencia en un banco genético, aceptado por la comunidad científica internacional.

Del Moral en la actualidad se encuentra al frente de Proyecto Juco. Una iniciativa destinada a estudiar la historia natural, distribución y estado de conservación actual del oso en territorio argentino. Más específicamente en la selva Tucumano-Oranense, ecosistema que constituye apenas el 1 % de la superficie total del país. Pero que contiene alrededor 50 % de su biodiversidad.

En tanto el oso en cuestión, aun en tiempos de redes sociales y You Tube, continúa con su comportamiento esquivo tras sus anteojos. Nunca desapercibido, pero siempre al margen de lo que de él dicen campesinos y científicos. Preocupado gran parte del día por dar con algún sendero. Uno generoso que nuevamente lo coloque frente a esa exquisita bromelia.

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